El aeropuerto. Lugar místico para algunos, familiar para otros y aterrador para
el resto. Ruidos y ajetreos invaden el sitio. Las ruedas de las maletas hacen
escándalo, algo opacado por las voces de la gente y por el ronroneo de los
motores de los aviones, acompañado del chillido y silbido de las ruedas al
despegar y aterrizar.
Una voz de mujer salía por los parlantes. Repitió el mismo mensaje, primero en
japonés y luego en inglés:
-Oriental Airlines anuncia la llegada de su vuelo 314 procedente de Hong Kong...
La gente pasaba del avión al aeropuerto mediante este túnel-plataforma que hacía
las funciones de puente entre China y Japón. Una vez pasados aduana e inmigración,
ya estaban en un nuevo país. No podían faltar las personas que esperaban a los
pasajeros, algunos con letreros con nombres escritos. Varios grupos se
abrazaban, emocionados.
Aquel adolescente no tenía a nadie a quien abrazar. Al menos, no en el
aeropuerto. No había avisado a ella de su regreso, ni que esta vez el pasaje
era sólo de ida, y no había intenciones de comprar el de vuelta. Quería que
fuese una sorpresa. Suspiró al imaginar su cara. Debió parecerle que se veía
como idiota ahí parado, con cara atontada, porque enrojeció y salió a la
calle con su equipaje. Tomó un taxi.
Último día de clase. Por fin llegó el verano, y con él las vacaciones de
mitad de curso. Como ya les habían dado sus calificaciones el día anterior,
decidieron darles el día libre a los estudiantes , no sin antes dejarles
toneladas de tarea (el sistema educativo definitivamente tiene sus toques de
ironía). Los de tercero deseaban ya estar en secundaria: allí no les mandaban
tarea en verano. Hacía un calor sofocante en el aula 3-2. Todos se ventilaban
con cuadernos u hojas de papel, mientras conversaban en grupos alegremente.
-¡Qué alegría! -exclamó Sakura-. Por fin vacaciones.
-Sí, ya nos estaban estresando demasiado con los exámenes -apoyó Tomoyo.
Un grupo de muchachos se acercaron a ambas. Como Sakura y Tomoyo eran muy
lindas, solían ser populares con el sexo opuesto, sin quererlo.
-¿Piensas ir de viaje, Kinomoto?
-¿Qué hay de ti, Daidouji?
-No, aún no he planeado nada, y Sakura tampoco.
-¿Se quedarán en Tomoeda?
-¿Saldrías conmigo, Kinomoto?
-Oh, lo siento, pero ya tengo novio -dos de los tres, se fueron, desanimados.
El otro permaneció ahí, mirando fijamente a Tomoyo.
-Daidouji, si no tienes nada que hacer, podríamos...
-De acuerdo. ¿Qué te parece el domingo a las 7:00?
-OK... -el chico se alejó tímidamente, asombrado de su suerte.
-Vaya, Tomoyo-chan -añadió Sakura-, no pensé que saldrías con Shigeru
Yamamoto.
-Yo tampoco -respondió. Agregó, con sonrisa pícara-, pero sus ojos son
lindos.
-Tomooooyo., como que te gusta Yamamoto-kun.
-Tal vez un poco.- "Pero no llegaré a amarlo tanto como a... debo dejar de
verla así, y hacerlo como ella me ve a mí...", pensó en silencio. Sakura
pensó que el suspiro de su amiga iba dirigido al chico, cosa que le extrañó
algo. Una de las características propias de Sakura era ser una despistada que
vivía en la luna, y éste era uno de aquellos momentos en que no tenía ni idea
de nada.
Por fin sonó una música familiar. Era hora de irse a la casa. Sakura y Tomoyo
salieron aprisa, felices de la vida. En el pasillo encontraron a Naoko, una
muchacha con la que estudiaron en primaria; ella estaba en otra sección del 3º
año. Lo único en que había cambiado eran sus lentes, ahora de contacto, pues
seguía siendo lectora ávida y fan de relatos de terror. Esta última afición
no la compartía Sakura: le temía a los fantasmas.
Por fin libres. Salieron de la escuela las dos amigas, caminando alegres. En un
instante, tomaron caminos distintos, dirigiéndose a sus respectivos hogares.
Sakura decidió ir por un atajo. En pocos días, ya no le quedarían flores a
los cerezos, por el verano. Si cambiaba el rumbo hacia la calle en que vivía
Yukito, podría dislumbrarlos por última vez en el año. Anoche había soñado,
y lo único que recordaba eran los cerezos. Por algún motivo, deseaba con
fuerza estar allá.
Llegó a una vereda llena de árboles de rosado vestuario. Pequeños pétalos
llovían, como si fuesen copos de nieve rosa. Le encantaban esas florecitas,
cuyo nombre era igual al de ella. Entonces lo vio. Su corazón dio un vuelco,
inexplicablemente.
Una figura tenía la espalda apoyada sobre el tronco de un árbol. Era un
quinceañero, alto y atractivo. Su cabellera castaña le llegaba hasta los
hombros. Sus ojos color terracota tenían un brillo a su vez valeroso y ensoñador.
Su lindo rostro, aunque serio, era dulce. Vestía con una chaqueta de mezclilla,
la camisa por fuera, unos jeans amplios y zapatos deportivos. Su actitud
reflexiva daba a entender que llevaba un buen rato ahí, contemplando los
cerezos.
Sakura quedó muda al verlo. No se esperaba esto... ¿o sí? Tal vez esto era lo
que soñó anoche. Viéndolo tan cerca, no sabía si reír o llorar de alegría.
Él no se había percatado de su presencia hasta entonces. Finalmente volteo su
cara, y sus ojos se cruzaron. Toda su piel se puso roja, y su corazón se aceleró.
Durante segundos, se miraron fijamente, sin decir palabra alguna. De la boca de
la chica se deslizó un grito alegre:
-¡¡Shaoran!!
Él caminó con lentitud, intentando parecer calmado, hasta que se colocó
enfrente suyo. Fue cuando ocurrió algo que muy pocas veces había visto Sakura:
Shaoran sonrió. La tomó en sus brzos, y la abrazó. Ella acercó sus labios a
los de él, y lo besó dulcemente en la boca. Ambos lo esperaban desde hace un año.
Lo que le extrañaba a la Kinomoto no era que Li estuviese aquí, sino que se
hubiese aparecido sin avisar. Él siempre regresaba en las vacaciones de verano.
Fue en las del año pasado cuando le pidió, formalmente, que fuera su novia.
Era difícil la relación por larga distancia, sin embargo, se mantenían
comunicados. Desde la invención del e-mail, no existía una excusa para no
estar en contacto, virtualmente hablando. Por eso, no comprendía el por qué no
le había dicho nada.
Fueron a un restaurante de comida rápida, y se sentaron para hablar. Le preguntó
lo que la venía carcomiendo. Él se sonrojó y admitió que quería que fuera
una sorpresa. Ella contestó que funcionó , la había sorprendido mucho. El
encanto se rompió por un momento.
-Hola, ¿cuál es su orden? -dijo una voz familiar.
-¿Tsukishiro-san? -preguntó Li
-Hace tiempo que no te veía -dijo Yukito a Shaoran-. Ya veo que te dejaste
crecer el pelo. ¿Cómo has estado?
-¿Qué haces aquí, trabajando de camarero? -inquirió Sakura.
-Oh, es un trabajo de veraneo. ¿Qué quieren?
-Dos malteadas, kudasai.
Una vez Yukito les llevó su orden, se pusieron al día, contándose las cosas
mientras bebían.
Después de pasear por el parque pingüino, Shaoran la acompañó a casa. Se
pusieron de acuerdo para verse al día siguiente, cerrando el trato con un beso.
Al entrar, se dio cuenta que Yukito le había contado el chisme a Touya, pues éste
estaba de pésimo humor. No le importó. Su hermano siempre estuvo celoso de Li,
y eso no le iba a arruinar su felicidad. Subió a su cuarto como flotando.
-¿Qué te ocurre? -preguntó Kero.
-Shaoran está aquí.-suspiró Sakura. Tomó su celular rosa y pulso las teclas
y botones. Se oyó una voz.
-¿Moshi moshi, aló?
-¿A que no adivinas, Tomoyo-chan?
"No sé qué le ve a ese mocoso", pensó Kero-chan, mientras devoraba
un pudín.
Era casi medianoche. Un taxi se detuvo frente al Templo Tsukimine. El taxista
sacó las maletas del baúl del carro. Una persona bajó del vehículo, dio al
chofer unos billetes y vio cómo el automóvil se alejaba. Contempló la entrada
roja, hecha con 2 columnas unidas por otro trozo de madera curveado, cuyo largo
era apenas menor que el alto de las perpendiculares. Susurró para sí:
-Tsukimine Jinguu. Por fin estoy aquí.
Continuará... ^_^
En el próximo episodio:
Una muchacha misteriosa comienza a vigilar a nuestros amigos. Yukito se
encuentra con el enigma cara a cara. ¿Cuál será la misión secreta de Maru?
¿Sus planes en Tomoeda serán perversos o más bien benignos? No se pierdan el
próximo acto de The Four Mystical Gems, "Moon, month, Yue". Para
decir juntos... ¡Libérate! (^_^u oops, siempre quise decir eso)
Notas explicativas: El por qué del título: en chino, Shaoran, o mejor dicho, Shao Lan (ése
debe ser su nombre real, pues en chino no existe el sonido 'r') significa
"pequeño lobo". Sakura, como ya deben de saber, es el nombre de las
flores del cerezo japonés. De ahí viene (simple, ne?)
Eso es todo. No dejen de leer el acto 3. Es muy interesante (uysh, soy tan
modesta como Kero :P)