The Four Mystical Gems

Autora: Kirisame


Acto 2: A little wolf and a cherry flower

El aeropuerto. Lugar místico para algunos, familiar para otros y aterrador para el resto. Ruidos y ajetreos invaden el sitio. Las ruedas de las maletas hacen escándalo, algo opacado por las voces de la gente y por el ronroneo de los motores de los aviones, acompañado del chillido y silbido de las ruedas al despegar y aterrizar.
Una voz de mujer salía por los parlantes. Repitió el mismo mensaje, primero en japonés y luego en inglés:
-Oriental Airlines anuncia la llegada de su vuelo 314 procedente de Hong Kong...
La gente pasaba del avión al aeropuerto mediante este túnel-plataforma que hacía las funciones de puente entre China y Japón. Una vez pasados aduana e inmigración, ya estaban en un nuevo país. No podían faltar las personas que esperaban a los pasajeros, algunos con letreros con nombres escritos. Varios grupos se abrazaban, emocionados.
Aquel adolescente no tenía a nadie a quien abrazar. Al menos, no en el aeropuerto. No había avisado a ella de su regreso, ni que esta vez el pasaje era sólo de ida, y no había intenciones de comprar el de vuelta. Quería que fuese una sorpresa. Suspiró al imaginar su cara. Debió parecerle que se veía como idiota ahí parado, con cara atontada, porque enrojeció y salió a la calle con su equipaje. Tomó un taxi.

Último día de clase. Por fin llegó el verano, y con él las vacaciones de mitad de curso. Como ya les habían dado sus calificaciones el día anterior, decidieron darles el día libre a los estudiantes , no sin antes dejarles toneladas de tarea (el sistema educativo definitivamente tiene sus toques de ironía). Los de tercero deseaban ya estar en secundaria: allí no les mandaban tarea en verano. Hacía un calor sofocante en el aula 3-2. Todos se ventilaban con cuadernos u hojas de papel, mientras conversaban en grupos alegremente.
-¡Qué alegría! -exclamó Sakura-. Por fin vacaciones.
-Sí, ya nos estaban estresando demasiado con los exámenes -apoyó Tomoyo.
Un grupo de muchachos se acercaron a ambas. Como Sakura y Tomoyo eran muy lindas, solían ser populares con el sexo opuesto, sin quererlo.
-¿Piensas ir de viaje, Kinomoto?
-¿Qué hay de ti, Daidouji?
-No, aún no he planeado nada, y Sakura tampoco.
-¿Se quedarán en Tomoeda?
-¿Saldrías conmigo, Kinomoto?
-Oh, lo siento, pero ya tengo novio -dos de los tres, se fueron, desanimados.
El otro permaneció ahí, mirando fijamente a Tomoyo.
-Daidouji, si no tienes nada que hacer, podríamos...
-De acuerdo. ¿Qué te parece el domingo a las 7:00?
-OK... -el chico se alejó tímidamente, asombrado de su suerte.
-Vaya, Tomoyo-chan -añadió Sakura-, no pensé que saldrías con Shigeru Yamamoto.
-Yo tampoco -respondió. Agregó, con sonrisa pícara-, pero sus ojos son lindos.
-Tomooooyo., como que te gusta Yamamoto-kun.
-Tal vez un poco.- "Pero no llegaré a amarlo tanto como a... debo dejar de verla así, y hacerlo como ella me ve a mí...", pensó en silencio. Sakura pensó que el suspiro de su amiga iba dirigido al chico, cosa que le extrañó algo. Una de las características propias de Sakura era ser una despistada que vivía en la luna, y éste era uno de aquellos momentos en que no tenía ni idea de nada.
Por fin sonó una música familiar. Era hora de irse a la casa. Sakura y Tomoyo salieron aprisa, felices de la vida. En el pasillo encontraron a Naoko, una muchacha con la que estudiaron en primaria; ella estaba en otra sección del 3º año. Lo único en que había cambiado eran sus lentes, ahora de contacto, pues seguía siendo lectora ávida y fan de relatos de terror. Esta última afición no la compartía Sakura: le temía a los fantasmas.

Por fin libres. Salieron de la escuela las dos amigas, caminando alegres. En un instante, tomaron caminos distintos, dirigiéndose a sus respectivos hogares.
Sakura decidió ir por un atajo. En pocos días, ya no le quedarían flores a los cerezos, por el verano. Si cambiaba el rumbo hacia la calle en que vivía Yukito, podría dislumbrarlos por última vez en el año. Anoche había soñado, y lo único que recordaba eran los cerezos. Por algún motivo, deseaba con fuerza estar allá.
Llegó a una vereda llena de árboles de rosado vestuario. Pequeños pétalos llovían, como si fuesen copos de nieve rosa. Le encantaban esas florecitas, cuyo nombre era igual al de ella. Entonces lo vio. Su corazón dio un vuelco, inexplicablemente.
Una figura tenía la espalda apoyada sobre el tronco de un árbol. Era un quinceañero, alto y atractivo. Su cabellera castaña le llegaba hasta los hombros. Sus ojos color terracota tenían un brillo a su vez valeroso y ensoñador. Su lindo rostro, aunque serio, era dulce. Vestía con una chaqueta de mezclilla, la camisa por fuera, unos jeans amplios y zapatos deportivos. Su actitud reflexiva daba a entender que llevaba un buen rato ahí, contemplando los cerezos.
Sakura quedó muda al verlo. No se esperaba esto... ¿o sí? Tal vez esto era lo que soñó anoche. Viéndolo tan cerca, no sabía si reír o llorar de alegría.
Él no se había percatado de su presencia hasta entonces. Finalmente volteo su cara, y sus ojos se cruzaron. Toda su piel se puso roja, y su corazón se aceleró. Durante segundos, se miraron fijamente, sin decir palabra alguna. De la boca de la chica se deslizó un grito alegre:
-¡¡Shaoran!!
Él caminó con lentitud, intentando parecer calmado, hasta que se colocó enfrente suyo. Fue cuando ocurrió algo que muy pocas veces había visto Sakura: Shaoran sonrió. La tomó en sus brzos, y la abrazó. Ella acercó sus labios a los de él, y lo besó dulcemente en la boca. Ambos lo esperaban desde hace un año.

Lo que le extrañaba a la Kinomoto no era que Li estuviese aquí, sino que se hubiese aparecido sin avisar. Él siempre regresaba en las vacaciones de verano. Fue en las del año pasado cuando le pidió, formalmente, que fuera su novia. Era difícil la relación por larga distancia, sin embargo, se mantenían comunicados. Desde la invención del e-mail, no existía una excusa para no estar en contacto, virtualmente hablando. Por eso, no comprendía el por qué no le había dicho nada.
Fueron a un restaurante de comida rápida, y se sentaron para hablar. Le preguntó lo que la venía carcomiendo. Él se sonrojó y admitió que quería que fuera una sorpresa. Ella contestó que funcionó , la había sorprendido mucho. El encanto se rompió por un momento.
-Hola, ¿cuál es su orden? -dijo una voz familiar.
-¿Tsukishiro-san? -preguntó Li
-Hace tiempo que no te veía -dijo Yukito a Shaoran-. Ya veo que te dejaste crecer el pelo. ¿Cómo has estado?
-¿Qué haces aquí, trabajando de camarero? -inquirió Sakura.
-Oh, es un trabajo de veraneo. ¿Qué quieren?
-Dos malteadas, kudasai.
Una vez Yukito les llevó su orden, se pusieron al día, contándose las cosas mientras bebían.

Después de pasear por el parque pingüino, Shaoran la acompañó a casa. Se pusieron de acuerdo para verse al día siguiente, cerrando el trato con un beso. Al entrar, se dio cuenta que Yukito le había contado el chisme a Touya, pues éste estaba de pésimo humor. No le importó. Su hermano siempre estuvo celoso de Li, y eso no le iba a arruinar su felicidad. Subió a su cuarto como flotando.
-¿Qué te ocurre? -preguntó Kero.
-Shaoran está aquí.-suspiró Sakura. Tomó su celular rosa y pulso las teclas y botones. Se oyó una voz.
-¿Moshi moshi, aló?
-¿A que no adivinas, Tomoyo-chan?
"No sé qué le ve a ese mocoso", pensó Kero-chan, mientras devoraba un pudín.

Era casi medianoche. Un taxi se detuvo frente al Templo Tsukimine. El taxista sacó las maletas del baúl del carro. Una persona bajó del vehículo, dio al chofer unos billetes y vio cómo el automóvil se alejaba. Contempló la entrada roja, hecha con 2 columnas unidas por otro trozo de madera curveado, cuyo largo era apenas menor que el alto de las perpendiculares. Susurró para sí:
-Tsukimine Jinguu. Por fin estoy aquí.

Continuará... ^_^

En el próximo episodio:
Una muchacha misteriosa comienza a vigilar a nuestros amigos. Yukito se encuentra con el enigma cara a cara. ¿Cuál será la misión secreta de Maru? ¿Sus planes en Tomoeda serán perversos o más bien benignos? No se pierdan el próximo acto de The Four Mystical Gems, "Moon, month, Yue". Para decir juntos... ¡Libérate! (^_^u oops, siempre quise decir eso)
Notas explicativas:
El por qué del título: en chino, Shaoran, o mejor dicho, Shao Lan (ése debe ser su nombre real, pues en chino no existe el sonido 'r') significa "pequeño lobo". Sakura, como ya deben de saber, es el nombre de las flores del cerezo japonés. De ahí viene (simple, ne?)
Eso es todo. No dejen de leer el acto 3. Es muy interesante (uysh, soy tan modesta como Kero :P)